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Lindlahr: la catarsis y la Nature Cure, pilares de la naturopatía estadounidense

Henry Lindlahr codificó la Nature Cure e inventó la catarsis en 4 columnas. Su legado fundamenta la naturopatía vitalista estadounidense.

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François Benavente

Naturópata certificado

En 1904, un hombre de cuarenta y dos años, obeso, diabético, agotado por años de mala alimentación y trabajo desenfrenado, empuja la puerta de un establecimiento hidroterápico en Woerishofen, en Baviera. Este hombre se llama Henry Lindlahr. Nació en Alemania, emigró a Estados Unidos en su juventud, y acaba de cruzar el Atlántico en sentido inverso por una razón muy simple: la medicina americana no puede hacer nada por él. Los médicos le prescribieron medicamentos, dietas proteicas, descanso. Nada funcionó. Está al final de sus fuerzas. El hombre que lo recibe en Woerishofen se llama Sebastian Kneipp. El viejo sacerdote bávaro, entonces en el crepúsculo de su vida, mira a Lindlahr a los ojos y le dice algo que nadie le había dicho nunca: «Su enfermedad no es una fatalidad. Usted la ha construido. Puede desconstruirla.»

Esta frase cambió la vida de Lindlahr, y de rebote, la natureopatía mundial. Porque el antiguo enfermo no se conformará con sanarse. Va a regresar a Estados Unidos, obtener su diploma de medicina en la universidad de Illinois, abrir un sanatorio en Chicago, y escribir una obra que se convertirá en la biblia de la natureopatía americana: Nature Cure. Y sobre todo, va a formalizar una herramienta que cada naturópata utiliza aún hoy en día en la consulta: la catarsis en cuatro columnas.

«La fuerza vital es la suma total de las fuerzas constructivas y curativas inherentes al organismo.»

Esta cita de Lindlahr resume su filosofía. La curación no viene de afuera. No viene de un medicamento, de un cirujano, ni siquiera de un terapeuta. Viene de adentro, de esa inteligencia biológica que anima cada célula y que solo espera restaurar el equilibrio cuando se le dan los medios. Si conoces las bases de la natureopatía, sabes que esta noción de vitalismo es el fundamento sobre el que descansa toda nuestra disciplina. Lindlahr es uno de sus arquitectos más rigurosos.

De Kneipp a la medicina: el recorrido de un converso

Para entender a Lindlahr, hay que entender la época en que vivió. A finales del siglo diecinueve, la medicina americana estaba en plena mutación. Por un lado, las universidades comienzan a estandarizar la enseñanza médica según el modelo científico europeo. Por otro, una multitud de médicos alternativos proponen enfoques radicalmente diferentes: higienistas, hidroterapeutas, herbolarios, magnetizadores. Es en este fermento que Lindlahr construirá su síntesis.

Su estancia junto a Kneipp fue una revelación. El sacerdote bávaro no se contenta con prescribir baños fríos y cataplasmas de arcilla. Enseña una filosofía de vida completa: alimentación simple y natural, ejercicio diario, contacto con la naturaleza, vida espiritual. Kneipp considera que la enfermedad es siempre la consecuencia de un alejamiento de las leyes naturales, y que el regreso a estas leyes es suficiente para restaurar la salud en la inmensa mayoría de los casos. Lindlahr absorbe cada palabra. Aplica las prescripciones de Kneipp con una rigurosidad militar. En pocos meses, su diabetes retrocede, su peso disminuye, su energía regresa. La medicina convencional lo había condenado. Las leyes de la naturaleza lo sanaron.

Pero Lindlahr no es un hombre que se conforme con una experiencia personal. Quiere entender por qué funciona. Quiere poner palabras científicas sobre la intuición de Kneipp. Por eso se inscribe en la universidad de Illinois y obtiene su diploma de medicina. Este doble recorrido, el del paciente sanado por la naturaleza y el del médico formado por la ciencia, convierte a Lindlahr en un puente único entre dos mundos que entonces se miraban con desconfianza.

En Chicago, abre el Lindlahr Sanitarium, un establecimiento donde recibe a pacientes crónicos que la medicina ha abandonado. Diabéticos, artríticos, tuberculosos, depresivos: todos vienen a buscar en Lindlahr lo que no encontraron en otro lugar. Y Lindlahr los sana, frecuentemente, por medios de una simplicidad sorprendente: alimentación viviente, hidroterapia, sudación, ejercicio físico, exposición al sol, sueño suficiente, y sobre todo un trabajo profundo sobre la responsabilidad personal en la enfermedad.

Nature Cure: la enfermedad como violación de las leyes naturales

La obra maestra de Lindlahr, Nature Cure, publicada por primera vez en 1913, es un texto de una claridad y una modernidad notables. Su tesis central se resume en una frase: la enfermedad es la consecuencia de la violación de las leyes naturales. Esta idea, que puede parecer banal hoy en día por lo repetida que es en círculos naturopáticos, era revolucionaria en una época donde la medicina atribuía la enfermedad a los microbios, a la herencia o a la fatalidad.

Lindlahr se inscribe en la línea de Herbert Spencer y su concepto de «supervivencia del más apto». Pero donde Spencer aplicaba esta idea a las sociedades humanas de forma frecuentemente brutal, Lindlahr la traspone al nivel individual con un matiz esencial: no es el más fuerte quien sobrevive, es quien vive más en acuerdo con las leyes de la naturaleza. Un hombre robusto que come mal, no duerme lo suficiente, fuma y no se mueve enfermará eventualmente. Un hombre de constitución frágil que respeta las leyes naturales atravesará las décadas con una vitalidad sorprendente.

«Every disease is a healing crisis. The disease itself is the attempt of the organism to eliminate waste, toxins, and poisons, and to repair the damage done by wrong living.»

Esta visión de la enfermedad como crisis curativa, como intento del organismo de purificarse, es el fundamento de la natureopatía vitalista. Cuando tu cuerpo tiene fiebre, no está disfuncionando: quema los desechos. Cuando tu piel presenta eccema, no se equivoca: elimina por la vía cutánea lo que tus riñones e hígado ya no pueden manejar. Cuando tus intestinos se manifiestan por una diarrea, no están enfermos: expulsan lo que nunca debería haber entrado.

Lindlahr identifica seis pilares fundamentales de la salud, que llama las seis columnas del Nature Cure. La actividad física primero, porque el movimiento es la condición primera de la vida celular. Sin movimiento, no hay circulación, no hay nutrición celular, no hay eliminación de desechos. La exposición al sol después, porque la luz natural regula los ritmos biológicos, estimula la producción de vitamina D y nutre el sistema nervioso. La alimentación viviente, porque la comida es el primer medicamento y los alimentos crudos, frescos, no transformados, aportan enzimas, vitaminas y una energía vital que la cocción destruye. La sudación, porque la piel es un gran emonctorio y transpirar es una de las formas más eficaces de deshacerse de los desechos ácidos. La respiración profunda, porque el oxígeno es el combustible de cada célula y la mayoría de las personas respiran al veinte por ciento de su capacidad pulmonar. Y el sueño, porque es durante el descanso nocturno que el organismo se repara, se reconstruye y se regenera.

Estos seis pilares probablemente te suenen si conoces el enfoque naturopático. Son la traducción concreta de la filosofía vitalista: proporciona a tu cuerpo lo que necesita (movimiento, luz, alimento viviente, oxígeno, descanso) y retírales lo que lo envenena (sedentarismo, oscuridad, alimentación muerta, polución, sobrecarga), y la fuerza vital hará el resto. Es exactamente lo que explico en las bases de la natureopatía cuando hablo del terreno humoral de Marchesseau. Lindlahr es uno de los ancestros directos de este pensamiento.

La influencia de Bernarr Macfadden: el cuerpo como templo

No se puede entender a Lindlahr sin mencionar la influencia considerable de Bernarr Macfadden, considerado el padre del culturismo americano. Macfadden, personaje exuberante y controvertido, promovía el ejercicio físico intenso, el ayuno terapéutico, la desnudez al sol y una alimentación vegetariana. Publicaba la revista Physical Culture, leída por millones de americanos, y había creado un verdadero imperio mediático alrededor de la idea de que el cuerpo humano es un templo que hay que mantener con la misma devoción que un lugar sagrado.

Lindlahr compartía esta convicción. Para él, el cuerpo no es una máquina que se repara cuando se avería, como pensaba la medicina mecanicista de su época. Es un organismo viviente, dotado de una inteligencia propia, capaz de autocuración cuando se respetan sus necesidades fundamentales. La diferencia entre Lindlahr y Macfadden es que Lindlahr aportaba el rigor científico que a veces le faltaba al entusiasmo de Macfadden. Donde Macfadden hacía espectáculo, Lindlahr hacía medicina. Donde Macfadden predicaba con el ejemplo, Lindlahr publicaba estudios de casos. Los dos enfoques se complementaban notablemente.

También bajo la influencia de Macfadden, Lindlahr integró el ayuno en su arsenal terapéutico. El ayuno, que todas las tradiciones médicas antiguas utilizaban como herramienta de purificación, había sido abandonado por la medicina moderna en favor de los medicamentos. Lindlahr lo rehabilitó apoyándose en su propia experiencia y en la de cientos de pacientes de su sanatorio. Observó que el ayuno corto, de uno a tres días, permitía al organismo movilizar sus reservas de energía para el trabajo de limpieza interna, en lugar de malgastarlas en una digestión permanente. Esta idea coincide perfectamente con la visión naturopática de la desintoxicación de primavera que propongo cada año a mis consultantes.

La iridología y los bilans de vitalidad

Lindlahr fue también uno de los primeros médicos americanos en integrar la iridología en su práctica clínica. La iridología, esta técnica de observación del iris que permite leer el terreno constitucional de un individuo, había sido formalizada por el húngaro Ignatz von Peczely en el siglo diecinueve. Lindlahr la consideraba una herramienta diagnóstica complementaria, no suficiente en sí misma pero valiosa para orientar el bilan de vitalidad.

El bilan de vitalidad, que cada naturópata realiza en la primera consulta, es un legado directo de Lindlahr. No se trata de diagnosticar una enfermedad (eso corresponde al médico), sino de evaluar el nivel de fuerza vital del consultante, identificar sus puntos de debilidad constitucional, y entender cómo llegó hasta ahí. Es un bilan global, que toma en cuenta la alimentación, el sueño, la actividad física, el estrés, el estado emocional, los antecedentes familiares, el ambiente de vida y trabajo. Lindlahr insistía en que dos personas que presentan los mismos síntomas pueden tener causas radicalmente diferentes, y que el tratamiento siempre debe ser individualizado.

Este enfoque personalizado es una de las diferencias fundamentales entre la natureopatía y la medicina convencional. En medicina, se trata la enfermedad. En natureopatía, se acompaña a la persona. Lindlahr lo había entendido desde principios del siglo veinte, mucho antes de que la medicina funcional e integrativa redescubriera esta evidencia un siglo después.

La catarsis en cuatro columnas: la herramienta de transformación

Llegamos ahora a lo que es, a mi parecer, la contribución más genial de Lindlahr a la natureopatía: la catarsis. La palabra viene del griego katharsis, que significa purificación. Aristóteles la utilizaba para describir el efecto emocional de la tragedia en el espectador. Lindlahr la retoma en un sentido muy concreto: la catarsis es un ejercicio estructurado que permite al consultante tomar conciencia de su situación, jerarquizar sus problemas y planificar sus acciones de cambio.

La catarsis de Lindlahr se presenta en forma de un cuaderno de cuatro columnas. Cada columna tiene una función precisa, y el trabajo se hace en orden, de la primera a la cuarta, sin nunca saltarse una etapa.

La primera columna se intitula RESOLVABLE. Contiene todo lo que el consultante puede cambiar inmediatamente, sin ayuda externa, por su sola voluntad. Por ejemplo: puedo dejar de comer galletas industriales por la noche frente al televisor. Puedo acostarme treinta minutos antes. Puedo caminar veinte minutos al día en lugar de tomar el metro. Puedo beber un litro de agua al día en lugar de cero. Estos cambios parecen simples, y lo son. Pero Lindlahr sabía que la mayoría de las personas no los hacen, no por ignorancia sino por inercia. La primera columna sirve para identificar los puntos de palanca más accesibles, los que requieren menos esfuerzo para el máximo resultado.

La segunda columna se intitula ATTENUABLE. Contiene lo que parece imposible de resolver, lo ante lo cual el consultante se siente impotente. Por ejemplo: mi trabajo me estresa pero no puedo dimitir. Mi pareja no entiende mis necesidades alimentarias. Tengo un dolor crónico que nadie logra aliviar. Lindlahr enseña que detrás de cada imposibilidad aparente se oculta una causa más profunda. El trabajo de esta columna consiste en buscar la causa detrás de la causa. ¿No puedes dimitir? Está bien. Pero ¿puedes cambiar tu relación con el estrés? ¿Puedes implementar técnicas de gestión emocional? ¿Puedes reorganizar tus horarios para darte espacios de recuperación? El objetivo no es resolver lo imposible sino atenuar su impacto en tu salud.

La tercera columna se intitula ACCIONES EMPRENDIDAS. Se apoya en lo que Lindlahr llama la teoría de los contrarios, un concepto heredado de Hipócrates. El principio es luminosamente simple: cuando algo está en exceso, redúcelo. Cuando algo está en déficit, aumentalo. Cuando algo está frío, caliéntalo. Cuando algo está caliente, enfríalo. En la práctica, esto da prescripciones de una lógica irrefutable. ¿Estás triste? Rodéate de personas positivas. ¿Eres sedentario? Inscríbete en una clase de caminata. ¿Comes demasiado? Reduce tus porciones en una cuarta parte. ¿No respiras? Haz cinco minutos de respiración abdominal cada mañana. ¿No duermes? Apaga las pantallas a las nueve de la noche. La teoría de los contrarios no es una técnica sofisticada. Es el sentido común naturista elevado al rango de método. Y funciona, porque el cuerpo humano es un sistema homeostático que busca permanentemente el equilibrio. Dale lo contrario de lo que lo desequilibra, y se reequilibrará a sí mismo.

La cuarta columna se intitula PLANIFICACIÓN. Es la columna más importante según Lindlahr, y la que la mayoría de las personas descuida. Lindlahr lo decía con una franqueza desarmante:

«Sin planificación, no lo harás.»

Esta frase resuena con una fuerza particular cuando trabajas con perfiles neuro-artríticos, estos temperamentos cerebrales que entienden todo intelectualmente pero que luchan por pasar a la acción concreta. ¿Cuántas veces he visto a consultantes partir de mi consulta con un programa perfectamente comprendido, perfectamente aceptado, y no cambiar nada en su vida tres meses después? La planificación de Lindlahr responde a este problema. Consiste en transformar cada intención en un compromiso concreto, fechado, medible. Ya no digo «voy a comer mejor». Digo: «El próximo lunes, iré al mercado de Belleville a las nueve de la mañana, compraré tres kilos de verduras de temporada, y prepararé una sopa para la semana.» Ya no digo «voy a moverme más». Digo: «El martes y jueves por la noche, de las seis y media a las siete, caminaré en el parque de Belleville.» La planificación transforma el deseo pío en contrato contigo mismo. Y Lindlahr tenía razón: sin este contrato, se instala la media medida, y la media medida no funciona en natureopatía.

La catarsis en consulta: mi experiencia

Utilizo la catarsis de Lindlahr en cada primera consulta. Es el primer ejercicio que propongo, antes incluso de hablar de alimentación, suplementos o plantas. Porque mientras el consultante no haya tomado conciencia de lo que puede cambiar, de lo que no puede cambiar, y de cómo va a hacerlo, todas las prescripciones del mundo permanecerán como letra muerta.

El ejercicio toma aproximadamente cuarenta y cinco minutos. Le pido al consultante que tome una hoja en blanco, la divida en cuatro columnas, y rellene cada columna en voz alta, en mi presencia. Lo que es fascinante es que el simple hecho de formular sus problemas en voz alta, clasificarlos en categorías, jerarquizarlos, ya produce un efecto terapéutico. Muchos consultantes llegan con una sensación de confusión, de abrumamiento, de «todo va mal y no sé por dónde empezar». La catarsis pone orden en este caos. Transforma una nube de angustias en una lista de acciones concretas. Es la purificación de la que hablaba Aristóteles: no cambiamos la realidad, pero cambiamos la relación que mantenemos con ella.

He observado que los consultantes que hacen la catarsis con rigor, que rellenan las cuatro columnas, que planifican sus acciones, que las fechan en su agenda, obtienen resultados significativamente mejores que los que simplemente «ven cómo va». No es casualidad. Lindlahr lo había entendido hace más de un siglo: la natureopatía no es una medicina pasiva donde el terapeuta prescribe y el paciente obedece. Es un enfoque activo de responsabilización donde el consultante se convierte en el actor principal de su propia curación.

El vitalismo de Lindlahr: ni místico, ni materialista

Sería tentador reducir a Lindlahr a un higienista, un hombre del sentido común que recomendaba comer verduras, dormir ocho horas e ir al gimnasio. Pero Lindlahr era mucho más que eso. Su visión de la fuerza vital trasciende el simple mecanismo biológico para alcanzar una dimensión verdaderamente filosófica.

Para Lindlahr, la fuerza vital no es ni una energía misteriosa ni un simple proceso bioquímico. Es la suma total de las fuerzas constructivas y curativas inherentes al organismo. En otras palabras, es la inteligencia organizadora que hace que tus células se renueven, que tus heridas cicatricen, que tu sistema inmunitario combata las infecciones, que tus huesos se suelden después de una fractura. Esta inteligencia no viene de afuera. Está en ti, inscrita en cada una de tus células, en cada fibra de tu ser. El papel del naturópata no es curar. Es crear las condiciones óptimas para que esta inteligencia pueda expresarse plenamente.

Esta visión se distingue tanto del materialismo médico, que reduce el hombre a una máquina bioquímica, como del misticismo que atribuye la curación a fuerzas sobrenaturales. Lindlahr se sitúa exactamente entre ambos: reconoce la realidad material del cuerpo (era médico diplomado, no lo olvidemos), pero afirma que esta realidad material está animada por una fuerza organizadora que trasciende la simple química. Es esta posición de equilibrio la que da fuerza a la natureopatía vitalista y que explica por qué sigue siendo tan pertinente un siglo después de Lindlahr.

Las raíces de la enfermedad: cuando el hombre viola las leyes naturales

Lindlahr enseñaba que la enfermedad nunca es un accidente. Es siempre la consecuencia de la violación de las leyes naturales, sea esta violación consciente o inconsciente, voluntaria o sufrida. El hombre que come alimentos transformados viola la ley de la alimentación natural. El hombre que no duerme lo suficiente viola la ley del descanso. El hombre que permanece sentado doce horas al día viola la ley del movimiento. El hombre que vive en ansiedad permanente viola la ley de la serenidad. Cada violación acumula desechos, toxinas, tensiones en el organismo. Y cuando la acumulación excede la capacidad de eliminación del cuerpo, aparece la enfermedad.

Esta visión de la enfermedad como obstrucción progresiva es exactamente la que Pierre-Valentin Marchesseau desarrollará más tarde con su teoría de la toxemia. Es también la de Paul Carton, el médico naturista francés que fue contemporáneo de Lindlahr y que compartió muchas de sus convicciones. El hilo rojo que va de Kneipp a Lindlahr, de Lindlahr a Carton, y de Carton a Marchesseau, dibuja la columna vertebral de la natureopatía tal como la practicamos hoy.

Lindlahr no se contentaba con constatar las violaciones de las leyes naturales. Proponía un regreso metódico y progresivo a estas leyes. Es ahí donde su formación médica marcaba la diferencia. Sabía que no se puede pedir a un paciente obeso y sedentario que corra una maratón de un día para otro. Sabía que no se puede imponer un ayuno de treinta días a alguien que come tres comidas copiosas y dos refrigerios desde hace cuarenta años. El regreso a la naturaleza debe ser progresivo, encuadrado, personalizado. Es exactamente la filosofía del acompañamiento naturopático tal como lo practico: no cambias una vida en una consulta, pones las primeras piedras de una transformación que tardará meses, a veces años.

El legado de Lindlahr: de Chicago a Marchesseau

La influencia de Lindlahr en la natureopatía americana es considerable. Su sanatorio de Chicago formó decenas de médicos que difundieron sus métodos por todo Estados Unidos. Su obra Nature Cure fue traducida a muchos idiomas y se mantuvo como referencia durante décadas. Pero es en Europa donde su legado tomará su forma más lograda.

Pierre-Valentin Marchesseau, considerado el padre de la natureopatía ortodoxa en Francia, conocía los trabajos de Lindlahr e inspiró ampliamente en ellos. La catarsis, los bilans de vitalidad, la visión de la enfermedad como obstrucción, la teoría de los contrarios: todos estos conceptos se encuentran en la enseñanza de Marchesseau, enriquecidos por los aportes de Carton, de Salmanoff y de la tradición europea. Cuando lees a Marchesseau, lees a Lindlahr filtrado por un siglo de práctica clínica y enriquecimiento teórico.

Hoy, las escuelas de natureopatía francesas (ISUPNAT, CENATHO, EURONATURE, CNR) todas enseñan la catarsis en cuatro columnas como herramienta fundamental de la anamnesis naturopática. Cada estudiante aprende a rellenar este cuaderno con sus consultantes. Cada médico lo utiliza, frecuentemente sin saber que fue Lindlahr quien lo formalizó hace más de un siglo en su sanatorio de Chicago.

Es también de esta tradición que nacieron los enfoques que desarrollo en este sitio cuando hablo de nutrición antiinflamatoria o de técnicas de desintoxicación de primavera. Cada consejo que encontrarás aquí está enraizado en esta línea de pensadores y médicos que, de Hipócrates a Lindlahr, de Kneipp a Marchesseau, han defendido la idea de que la naturaleza cura, siempre que le dejes lugar.

Lo que Lindlahr aún nos enseña hoy

Si Lindlahr regresara entre nosotros, ¿qué diría de nuestra época? Probablemente estaría sorprendido por la magnitud de la violación de las leyes naturales en nuestras sociedades modernas. Alimentación ultra-transformada, sedentarismo generalizado, exposición a pantallas veinticuatro horas al día, polución del aire y el agua, estrés crónico, falta de sueño, desconexión total de la naturaleza: cada una de estas realidades contemporáneas es una violación flagrante de los principios que defendía. Y probablemente no estaría sorprendido por la explosión de las enfermedades crónicas que resulta.

Pero Lindlahr también nos enseñaría esperanza. Porque si la enfermedad es la consecuencia de la violación de las leyes naturales, entonces el regreso a estas leyes es el camino hacia la curación. Y este regreso es siempre posible, a cualquier edad, en cualquier situación. La catarsis es la prueba: al tomar conciencia de lo que puedes cambiar, buscando la causa profunda de lo que te parece imposible, aplicando la teoría de los contrarios y planificando tus acciones, retomas el control de tu salud. Dejas de ser un paciente pasivo para convertirte en un actor de tu propia curación. Este es el más hermoso legado que Lindlahr nos ha dejado.

Kneipp había puesto los cimientos de la hidroterapia y la higiene vital. Lindlahr construyó los muros de la natureopatía americana con su Nature Cure y su catarsis. Paul Carton, que descubriremos en el próximo artículo, añadirá la dimensión del terreno y la digestión como batalla cotidiana. Juntos, estos tres padres forman la trinidad sobre la que descansa toda la natureopatía contemporánea.


Para profundizar

Receta saludable: Jugo achicoria-lechuga: Lindlahr recomendaba las curas de jugos desintoxicantes.

¿Quieres saber más sobre este tema?

Cada semana, una lección de naturopatía, una receta de jugos y reflexiones sobre el terreno.

Preguntas frecuentes

01 ¿Quién fue Henry Lindlahr?

Henry Lindlahr (1862-1924) fue un médico alemán emigrado a Estados Unidos. Antiguo alumno de Kneipp, obtuvo su diploma de medicina en la universidad de Illinois y se convirtió en uno de los padres de la naturopatía estadounidense con su obra Nature Cure, que establece nuestra responsabilidad en nuestro camino hacia la enfermedad.

02 ¿Qué es la catarsis de Lindlahr?

La catarsis (del griego katharsis, purificación) es un ejercicio en 4 columnas: Resoluble (lo que se puede cambiar), Atenuable (lo que parece imposible pero cuya causa profunda se busca), Acciones emprendidas (aplicar la teoría de los contrarios) y Planificación (sin planificación, no hay mejora). Es una herramienta indispensable al inicio de cada acompañamiento naturopático.

03 ¿Qué es la teoría de los contrarios?

Heredada de Hipócrates y retomada por Lindlahr, la teoría de los contrarios consiste en identificar qué está en exceso o en déficit y oponer el contrario. ¿No duermes suficiente? Duerme más. ¿Eres sedentario? Muévete. ¿Comes mal? Ve al mercado. Es el sentido común naturalista aplicado metódicamente.

04 ¿Por qué es esencial la planificación en naturopatía?

Según Lindlahr, no hay mejora sin planificación. La media medida no funciona en naturopatía. Hay que planificar las nuevas resoluciones como un contrato con el yo futuro. Si no lo planificas, probablemente no lo harás. Esto es particularmente cierto para los perfiles neuroartríticos que mentalizan sin pasar a la acción.

05 ¿Cuál es la relación entre Lindlahr y la naturopatía actual?

Lindlahr sentó las bases de la naturopatía vitalista en Estados Unidos. Su catarsis se utiliza en cada consulta naturopática como herramienta de desacondicionamiento. Hace el vínculo entre Kneipp (su maestro) y Marchesseau que sistematizará su enfoque en la naturopatía ortodoxa europea.

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