Marc se levanta por la mañana, da tres pasos hacia el baño, y el mundo gira. No es un mareo intrascendente: un momento real donde su visión se empaña, sus oídos zumban y debe agarrarse a la pared para no caerse. Dura cinco segundos. Luego desaparece. Su médico le dijo “hipotensión ortostática, beba más agua”. Pero Marc bebe dos litros de agua al día y nada cambia. Tiene otro síntoma que nadie toma en serio: lo sala todo. Sus platos ya están condimentados pero añade más sal. Come pepinillos. Bebe caldo de hueso salado. Su entorno bromea sobre su “adicción a la sal”. No es una adicción. Es su cuerpo gritando que le falta aldosterona.
La aldosterona es la gran olvidada de las hormonas suprarrenales. Todos hablan del cortisol (el estrés), de la DHEA (el envejecimiento), pero la aldosterona permanece en la sombra aunque es vital: literalmente. Sin aldosterona, no puedes mantener tu volemia (volumen sanguíneo), tu tensión arterial ni tu equilibrio electrolítico. Y cuando falta, los síntomas son tan incapacitantes como los del déficit de cortisol.
El papel de la aldosterona
La aldosterona es un mineralocorticoide producido por la zona glomerular de la corteza suprarrenal, bajo el control del sistema renina-angiotensina-aldosterona (SRAA). Su rol es preciso: actúa sobre los túbulos renales para reabsorber sodio y excretar potasio. El sodio retiene agua por ósmosis: por lo tanto, retener sodio es retener agua, es mantener el volumen sanguíneo y la tensión arterial.
Cuando la aldosterona es suficiente, el sodio se conserva, el agua sigue, el volumen sanguíneo es estable, la tensión es normal, los tejidos están hidratados. Cuando cae, el sodio se pierde por la orina, el agua sigue, el volumen sanguíneo disminuye, la tensión baja, los tejidos se deshidratan. Es un mecanismo directo, mecánico, predecible.
La aldosterona interviene también en el equilibrio ácido-base (favorece la excreción de iones H+ a nivel renal) y en el mantenimiento del potasio intracelular. Un déficit en aldosterona crea hipercaliemia (potasio sanguíneo elevado) que puede provocar trastornos del ritmo cardíaco en casos severos.
Los signos del déficit
La hipotensión ortostática es el signo más evocador. Te levantas muy rápido y tu tensión no sigue. La sangre se queda en los miembros inferiores por gravedad, el cerebro se encuentra temporalmente hipoperfundido, y tienes un mareo, a veces un velo negro, a veces un síncope. El test es simple: medir la tensión acostado luego de pie. Una caída de más de veinte milímetros de mercurio en sistólica es significativa.
El deseo compulsivo de sal es patognomónico. Tu cuerpo sabe que pierde sodio e intenta reemplazarlo. Salas tus platos excesivamente, comes aceitunas, papas chips, pepinillos, queso. No es glotonería: es un intento de compensación renal.
La fatiga agravada por la posición de pie prolongada es característica. De pie, la gravedad tira la sangre hacia abajo. Sin suficiente aldosterona para mantener el volumen sanguíneo, te cansas más rápido de pie que acostado. Las colas largas, las recepciones de pie, los días de caminata son agotadores. Te sientes mejor acostado: no por pereza sino por hemodinámica.
La deshidratación crónica pese a un aporte hídrico correcto. La piel es seca, los labios agrietados, la orina clara y abundante (expulsas toda el agua que bebes en lugar de retenerla). El dolor de cabeza al final del día suele ser un signo de deshidratación cerebral por carencia de aldosterona.
Los calambres musculares, especialmente nocturnos, vienen del desequilibrio sodio-potasio. Las palpitaciones cardíacas (extrasístoles, taquicardia) pueden resultar de la hipercaliemia leve.
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Las causas del déficit
El agotamiento suprarrenal es la causa más frecuente en práctica naturopática. Las glándulas suprarrenales cansadas producen menos de todas las hormonas suprarrenales, incluyendo la aldosterona. El estadio 3 de la fatiga suprarrenal se acompaña casi sistemáticamente de un hipoaldosteronismo funcional.
El estrés crónico agota las glándulas suprarrenales progresivamente. La enfermedad de Addison (destrucción autoinmune de las glándulas suprarrenales) es la causa médica clásica pero rara. La insuficiencia renal crónica perturba el SRAA. La diabetes puede provocar un hipoaldosteronismo hiporrenémico. Ciertos medicamentos (AINES, IECA, sartanes, heparina, espironolactona) disminuyen la aldosterona o bloquean su acción.
La carencia de sodio alimentario paradójicamente agrava el problema. Las dietas hiposódicas estrictas, prescritas abusivamente a pacientes normotensos, pueden descompensar un déficit latente de aldosterona. La sal no es el enemigo: la sal industrial refinada en exceso es el problema. La sal gris de Guérande o la sal rosa del Himalaya, ricas en oligoelementos, tienen su lugar en la alimentación.
Restaurar la aldosterona naturalmente
El apoyo suprarrenal global es el primer paso. La vitamina C (1 a 2 gramos por día) es el nutriente más concentrado en las glándulas suprarrenales y más consumido durante la esteroidogénesis. La vitamina B5 (ácido pantoténico, 500 mg por día) es el precursor de la coenzima A indispensable para la síntesis de hormonas esteroideas. El magnesio, el zinc y los omega-3 completan el apoyo básico.
Las plantas adaptógenas apoyan la función suprarrenal global. El regaliz (Glycyrrhiza glabra) es particularmente interesante para la aldosterona: el ácido glicirrícico inhibe la enzima 11-beta-hidroxiesteroide deshidrogenasa, lo que prolonga la vida media del cortisol y la aldosterona. Dosis: 200 a 400 mg de extracto estandarizado por día. Contraindicación: hipertensión arterial. El eleoterocoço y la ashwagandha apoyan la función suprarrenal sin efecto específico sobre la aldosterona.
La sal de calidad no debe ser evitada en pacientes con déficit de aldosterona. Al contrario, un aporte moderado en sal marina sin refinar (media cucharadita de sal de Guérande en un vaso de agua por la mañana) ayuda a mantener la volemia. El agua de Vichy (rica en bicarbonatos y sodio) puede ser útil.
Los electrolitos son esenciales: sodio, potasio y magnesio deben estar equilibrados. Un ionograma sanguíneo guía la suplementación.
El descanso horizontal a mitad del día (veinte minutos acostado después del almuerzo) permite que el sistema cardiovascular se recargue sin luchar contra la gravedad. La compresión elástica leve (medias de compresión clase 1) ayuda a los pacientes más sintomáticos a mantener el retorno venoso.
Marc comenzó con vitamina C, B5, regaliz y medio vaso de agua salada por la mañana. En tres semanas, los mareos habían desaparecido. En seis semanas, ya no salaba sus platos como un marinero bretón. Su cuerpo había recuperado suficiente aldosterona para retener el sodio que necesitaba.
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Para profundizar
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- El método Hertoghe: hormonas, micronutrición y medicina del terreno
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- Vasopresina (ADH): hidratación, memoria y coagulación
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Fuentes
- Hertoghe, Thierry. Atlas de medicina hormonal y nutricional. International Medical Books, 2006.
- Wilson, James L. Adrenal Fatigue: The 21st Century Stress Syndrome. Smart Publications, 2001.
- Curtay, Jean-Paul. Nutriterapia: bases científicas y práctica médica. Testez Éditions, 2016.
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