Valérie tiene cuarenta y dos años y su cabello se cae. No en mechones: más insidiosamente. La cola de caballo es menos espesa que hace dos años. La raya se profundiza. El peluquero utiliza cada vez menos producto. Paralelamente, pequeñas arrugas verticales han aparecido por encima del labio superior: el famoso “código de barras”. Sus ojos están secos por la mañana. Sus senos han perdido volumen. Sus reglas se han vuelto irregulares, a veces espaciadas cuarenta y cinco días. Y su estado de ánimo oscila entre irritabilidad y melancolía sin razón aparente. Valérie no está menopáusica: está en perimenopausia, y sus estrógenos están bajando.
Los estrógenos son mucho más que hormonas “de la mujer”. Son los guardianes de la piel, los huesos, el cerebro, el corazón, el estado de ánimo, la libido y la vitalidad femenina. Cuando disminuyen: ya sea en la menopausia o prematuramente: el cuerpo de la mujer envejece a velocidad acelerada.
El papel de los estrógenos
Tres formas principales circulan en el cuerpo: el estradiol (E2, el más potente y abundante antes de la menopausia), la estrona (E1, dominante después de la menopausia, producida por el tejido adiposo) y el estriol (E3, el más débil, dominante durante el embarazo).
La piel depende de los estrógenos para su contenido de colágeno, grosor, hidratación y elasticidad. El treinta por ciento del colágeno cutáneo se pierde en los cinco primeros años después de la menopausia. El cabello depende de los estrógenos para su fase de crecimiento (anágena). El déficit acorta esta fase y el cabello se afina.
Los huesos están protegidos por los estrógenos que inhiben los osteoclastos (células de resorción ósea). El déficit de estrógenos es la primera causa de osteoporosis en la mujer. La pérdida ósea se acelera brutalmente en los cinco a siete años post-menopausia.
El cerebro es rico en receptores estrogénicos. El estradiol sostiene la cognición, la memoria, el estado de ánimo y la neuroprotección. La confusión mental de la perimenopausia está directamente relacionada con el declive del estradiol cerebral. Los estrógenos estimulan la síntesis de serotonina y GABA: su caída explica la irritabilidad, la ansiedad y la depresión perimenopáusica.
El sistema cardiovascular está protegido por los estrógenos que favorecen la vasodilatación (vía óxido nítrico), reducen el LDL-colesterol oxidado y protegen el endotelio vascular. Por eso las enfermedades cardiovasculares alcanzan a las mujeres después de la menopausia.
Los signos del déficit según Hertoghe
El Dr. Hertoghe ha establecido una semiología clínica detallada. Los signos cutáneo-mucosos suelen ser los primeros: pérdida de cabello en la parte superior del cráneo, pequeñas arrugas verticales por encima de los labios (signo muy específico), piel seca y fina (especialmente a nivel del escote y las manos), ojos secos, sequedad vaginal.
Los senos pierden volumen y se vuelven caídos. Puede aparecer pilosidad facial (vello en el labio superior, barbilla) por desequilibrio de la relación estrógenos/andrógenos.
Los sofocos y los sudores nocturnos son los síntomas vasomotores clásicos, relacionados con la inestabilidad del termostato hipotalámico por déficit de estradiol. El aumento de peso, especialmente abdominal y en caderas, refleja el cambio metabólico.
Los trastornos del estado de ánimo (irritabilidad, ansiedad, melancolía, crisis de llanto sin razón) y los trastornos cognitivos (memoria, concentración, “palabra en la punta de la lengua”) son frecuentes e incapacitantes. La libido disminuye. El sueño se deteriora. La fatiga se instala.
Haz el test de estrógenos de Hertoghe.
Las causas del déficit precoz
La menopausia y la perimenopausia son las causas fisiológicas. Pero muchas mujeres jóvenes tienen un déficit relativo.
El estrés crónico y el agotamiento suprarrenal reducen los estrógenos por el robo de pregnenolona (la pregnenolona se desvía hacia el cortisol en detrimento de las hormonas sexuales). La amenorrea hipotalámica funcional (en deportistas, mujeres estresadas o en restricción calórica) es un paro del eje hipotálamo-hipofisario-ovárico por déficit energético.
La píldora anticonceptiva suprime la producción ovárica de estradiol y la reemplaza por etinilestradiol sintético. Al suspender la píldora, los ovarios pueden tardar meses en reanudar una secreción normal. La insuficiencia ovárica prematura (menopausia antes de los cuarenta años) afecta a una de cada cien mujeres.
El hipotiroidismo ralentiza la conversión del colesterol en pregnenolona, reduciendo la producción de todas las hormonas esteroideas, incluidos los estrógenos.
Restaurar los estrógenos naturalmente
Los fitoestrógenos son la primera línea en naturopatía. El trébol rojo (Trifolium pratense) contiene isoflavonas (formononetina, biochanina A) que se unen a los receptores estrogénicos beta con una selectividad tisular favorable (huesos, cerebro, vasos). La dosis es de 40 a 80 miligramos de isoflavonas por día.
El lúpulo (Humulus lupulus) contiene 8-prenilnaringina, el fitoestrogeno más potente conocido. Es particularmente eficaz en los sofocos y los trastornos del sueño. Los lignanos del lino (semillas de lino recién molidas, 2 cucharadas por día) son convertidos en enterolactona por el microbiota intestinal, un fitoestrogeno protector.
El apoyo suprarrenal es esencial, especialmente en post-menopausia. Después del cese de los ovarios, son las conversiones periféricas de la DHEA suprarrenal las que mantienen una impregnación estrogénica mínima en los tejidos. Si las glándulas suprarrenales están agotadas, este relevo no se realiza.
La desintoxicación hepática de estrógenos es fundamental. El hígado metaboliza los estrógenos por tres vías (2-OH, 4-OH, 16-OH). Las crucíferas (brócoli, coliflor, col rizada) contienen DIM (diindolilmetano) e I3C (indol-3-carbinol) que favorecen la vía 2-OH, la más protectora. La vitamina B6, B12, folatos y magnesio son cofactores de la metilación hepática de estrógenos.
El ejercicio con carga (caminar, correr, musculación) estimula la producción ósea y compensa parcialmente la ausencia de estrógenos. La vitamina D (4000 UI por día) y el calcio (alimentación prioritariamente, sin suplementación aislada) protegen los huesos.
Valérie comenzó con trébol rojo, semillas de lino molidas, apoyo suprarrenal (vitamina C, B5, ashwagandha) y musculación. En tres meses, los sofocos habían disminuido a la mitad, el estado de ánimo se había estabilizado y el cabello caía menos. Había recuperado una feminidad bioquímica que la edad no tenía por qué robarle tan pronto.
Si quieres un acompañamiento personalizado, puedes solicitar una cita de consulta.
Para profundizar
- Menopausia: lo que tu cuerpo intenta decirte (y que se oculta)
- Aldosterona: la hormona olvidada de tu tensión y tu sal
- Endometriosis: el terreno oculto que nadie mira
- El método Hertoghe: hormonas, micronutrición y medicina del terreno
Fuentes
- Hertoghe, Thierry. Atlas de medicina hormonal y nutricional. International Medical Books, 2006.
- Curtay, Jean-Paul. Nutrioterapia: bases científicas y práctica médica. Testez Éditions, 2016.
- Mouton, Georges. Ecología digestiva. Marco Pietteur, 2004.
Si quieres un acompañamiento personalizado, puedes solicitar una cita de consulta.
Laisser un commentaire
Sois le premier à commenter cet article.